La finca Majaloba, del árabe Maysar – cortijo – y del latín Lupa – loba –, tiene una larga historia, reflejada en documentos medievales: el 1 de julio de 1353 doña Marina García de Gallegos dona la mitad de la finca al Cabildo de la Catedral de Sevilla a cambio de una misa diaria perpetua en la capilla de S. Nicolás, entierro de sus padres. Ya en 1455 la Catedral es dueña completa de la finca, que vende a un comprador privado en 1837.

La Huerta de Lebrena, del latín Liber – ena, propiedad de un hombre libre, también aparece en documentos desde el medievo: en 1253, Alfonso X la donó al Concejo de la ciudad; en 1504 perteneció a un maestro Alonso Lombardero, judío que fue sentenciado y quemado en la hoguera por la Inquisición, pasando Lebrena a manos de los frailes dominicos, gestores del Santo Oficio, hasta su venta, en 1837, a un propietario privado.

La casa mantiene restos medievales en la arquería de la nave de carruajes, donde se celebran eventos bajo techo, artesonados de lacería de origen mudéjar en los dos pisos de la nave principal y pilares con ochavas y arcos de ladrillo en el patio, también mudéjares, que el conservador de los reales alcázares de Sevilla, Joaquín Romero y Murube, comparó con los del palacio del rey don Pedro I en el propio Alcázar de Sevilla.